Ya falta menos, un último empujoncito... y zas! ya tenemos aquí el año 2008. Mira, pues me gusta el número, tan redondito; a ver si me deja tiempo para dedicarme más a este invento, aunque casi mejor no decir nada, que los propósitos son para no cumplirlos.
Así que una vez superemos este estrés navidacional que nos está atacando estos días, volveremos a la vida normal, organizada, rutinaria y tranquila, que casi que prefiero la cuesta de enero, por empinada que ésta resulte, que la vorágine de estos días de gasto, desmadre y regalos obligatorios.
Pero como es muy difícil nadar contra corriente, ¡vivan las fiestas!, ¡merricrismas merricrismas! y que no decaiga...
Voy a por unas aspirinas para sobrevivir.