Y si no, hasta las vacas, cuya vida nadie dudaría en definir como aburrida, aburrida, todo el día comiendo y rumiando (que yo también rumío muchas veces, y es aburrido, desde luego... jejeje) y resulta que una vez difuntas (cuando las defuncionan, vaya) se ponen a viajar como locas.
Que hoy he comprado unos filetes, y me fijo en la etiqueta:
En cuanto que se mueren, empieza el viajar desaforadamente, que las llevan de Polonia a Dinamarca, y de allí ¿por dónde no habrán pasado hasta llegar a mi supermercado...?
Así que aplicándome la moraleja, voy a intentar viajar todo lo que pueda ahora, que aún puedo ir por mi propio pie, no me vayan a tener que llevar de paseo póstumo en urna funeraria.