
Agosto 2005 Archives
Que le tengo yo mucha fé a este jabón. Sí, sí, el de toda la vida. La pastilla amarilla clásica. Pero es que no es para menos: es una cosa verdaderamente milagrosa, que ríete tú de lo de lourdes. Además, mira por dónde, lo fabricaban en «Lizarriturry y Rezola», una fábrica de Donostia, ya desaparecida, pero que yo he conocido y he visto cómo la derribaban (uuuh, qué manera de contar batallitas...).
A lo que iba. De repente, te encuentras con una mancha de esas de origen desconocido pero absolutamente horrorosa, en tu mejor camisa. Que después de lavadora + biodegradable + suavizante super... la mancha sigue ahí, bien apalancada. ¡Horror!
Pues que no cunda el pánico, que no hay más que darle un buen repaso de pastilla, en seco, y esperar un par de horitas. Luego se lava normal, y... ¡magia potagia!, la mancha se ha largado.
Y es que esto de los jabones da mucho juego: incluso hay quien lo fabrica en casa ...

